En el Día de la Vinculación Tecnológica argentina, el IBR muestra cómo la investigación en biología molecular y celular puede conectarse con demandas del sector productivo, organismos públicos e instituciones para generar desarrollos, servicios especializados e innovación.
Cada 4 de junio se conmemora en Argentina el Día de la Vinculación Tecnológica, una fecha que invita a pensar cómo la ciencia y la tecnología pueden aportar al desarrollo del país. En Rosario, el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, de doble dependencia CONICET–UNR, reúne capacidades científicas, plataformas, servicios, propiedad intelectual y acompañamiento institucional para que el conocimiento generado en los laboratorios pueda vincularse con necesidades concretas de la sociedad.
En el IBR, la vinculación tecnológica no empieza únicamente cuando existe una patente o una tecnología terminada. Muchas veces, el proceso comienza antes: con una consulta, una necesidad o una pregunta. A partir de allí, investigadores, equipos técnicos y áreas de apoyo trabajan para identificar capacidades disponibles y construir respuestas junto a empresas, organismos públicos, instituciones y otros actores del territorio.
Un ecosistema para transformar conocimiento en desarrollo
El Instituto cuenta con grupos de investigación que trabajan en áreas estratégicas de la biología molecular y celular, con impacto potencial en salud, biotecnología, agro, ambiente y alimentos. Muchas de esas capacidades nacen de años de investigación básica sostenida y pueden abrir caminos hacia servicios especializados, asistencias técnicas, proyectos conjuntos de investigación y desarrollo o nuevas tecnologías.
“Vincular tecnología desde el IBR es conectar el conocimiento científico y los recursos humanos calificados que generamos con desafíos concretos de la sociedad, del sector productivo y del territorio. Muchas veces ese vínculo empieza con una pregunta, y desde ahí buscamos qué capacidades, equipos o saberes pueden aportar una respuesta”, señala Natalia Gottig, investigadora del IBR y referente de la Aceleradora Bio.r.
En ese entramado, Bio.r contribuye a identificar oportunidades, escuchar demandas y acompañar procesos que acercan las capacidades científicas a posibles aplicaciones.
“Desde Bio.r buscamos generar puentes entre la investigación y otros sectores. No se trata solo de transferir resultados, sino de construir vínculos sostenidos que permitan transformar capacidades científicas en desarrollos posibles”, destaca Gottig.
También la formación de nuevas generaciones es parte de esta mirada. Para becarios, becarias y jóvenes investigadores, la vinculación tecnológica permite pensar una ciencia que no trabaja aislada, sino que dialoga con otros sectores, reconoce problemas concretos y participa en la construcción de soluciones posibles.
“Para quienes nos estamos formando, la vinculación tecnológica también es una forma de aprender a mirar la ciencia en relación con su entorno. Nos permite entender que el conocimiento que se genera en el laboratorio puede dialogar con otras necesidades y abrir caminos hacia aplicaciones futuras”, señala Matías Cavatorta, becario del IBR.
Información tecnológica y cuidado del conocimiento
Otro componente clave es el Centro CATI del IBR, orientado al acceso y análisis de información tecnológica estratégica, el estudio de antecedentes, el mapeo de patentes y la protección del conocimiento generado.
“El Centro CATI aporta herramientas para mirar el desarrollo tecnológico con información estratégica: analizar antecedentes, identificar oportunidades y pensar cómo proteger los resultados que se generan en el Instituto”, explica Lelia Orsaria, referente del Centro CATI del IBR.
Contar con esta capacidad permite evitar la duplicación de esfuerzos, reconocer el valor del conocimiento existente y tomar mejores decisiones en procesos de transferencia o escalado.
“Proteger el conocimiento no significa cerrarlo. Significa darle un marco, reconocer su valor y generar mejores condiciones para que pueda circular, vincularse con otros actores y transformarse en innovación”, agrega Orsaria.
Fundación IBR: acompañamiento para que los proyectos sucedan
Para que una idea avance, además de conocimiento científico y capacidades técnicas, hacen falta estructuras que permitan ordenar y sostener los procesos de vinculación. En ese punto, la Fundación IBR cumple un rol clave como unidad de vinculación y apoyo institucional para proyectos, servicios, convenios y desarrollos conjuntos.
“La vinculación tecnológica también necesita una estructura que la acompañe. Desde la Fundación IBR colaboramos en la administración de proyectos, servicios, convenios y desarrollos conjuntos, para que las capacidades científicas del Instituto puedan articularse de manera ordenada con empresas, organismos e instituciones”, afirma Pablo Tomatis, presidente de la Fundación IBR.
Su trabajo permite acompañar aspectos administrativos, presupuestarios y operativos necesarios para que la articulación entre el Instituto y otros actores pueda concretarse de manera clara, eficiente y sostenible.
Una política para acercar ciencia y desarrollo
El ecosistema del IBR se inscribe, además, en una estrategia más amplia impulsada por CONICET para acercar el conocimiento científico a demandas concretas del sector productivo, el Estado y la sociedad. Desde la Oficina de Vinculación Tecnológica de CONICET Rosario se acompaña a institutos, empresas, organismos e instituciones en la identificación de capacidades, oportunidades de trabajo conjunto e instrumentos adecuados para cada proceso de articulación.
“La vinculación tecnológica es mucho más que un puente entre ciencia e industria. Es una estrategia para integrar conocimiento con producción, traducir saberes en soluciones y lograr que los desarrollos científicos mejoren concretamente la calidad de vida de nuestra sociedad”, señala Cecilia Gallardo, referente de la Oficina de Vinculación Tecnológica de CONICET Rosario.
En ese sentido, Gallardo destaca que la transferencia solo es posible cuando existe una base científica sólida: “Sin ciencia, no hay transferencia. Sin investigación, no hay innovación”.
Para la referente de CONICET Rosario, el desafío es que el conocimiento no quede encerrado, sino que circule, se aplique y genere impacto. “Hoy, más que nunca, reafirmamos que la vinculación tecnológica no es solo transferencia: es diálogo entre saberes, compromiso con la realidad y una forma concreta de poner la ciencia al servicio del bien común”, agrega.
Por Jimena Zoni
Comunicación y Cultura Científica IBR







