Desde su rol como biotecnóloga y Personal de Apoyo (CPA) del CONICET, María Laura Sossi nos cuenta qué hay detrás de este servicio técnico-científico, orientado a acompañar proyectos de investigación, innovación y desarrollo en plantas. (Foto: Elizabeth Karayekov – IBR)
Transformar una célula en una planta completa y viable no es un proceso automático. Requiere conocimiento especializado, infraestructura, protocolos ajustados y un trabajo profesional sostenido en el tiempo.
En el IBR, el Servicio de Transformación y Edición Génica Vegetal —integrado por la Dra. María Inés Zanor y la Lic. María Laura Sossi— trabaja en la obtención de plantas con características nuevas o modificadas, potenciando la investigación básica, el mejoramiento de cultivos y el desarrollo biotecnológico.
A través de herramientas avanzadas como CRISPR/Cas9, el servicio permite generar líneas vegetales de interés para estudiar la tolerancia al estrés, la productividad y la calidad del desarrollo vegetal.
Un proceso artesanal que lleva meses
“Muchas veces se habla de edición génica como una sola técnica, pero detrás hay un trabajo muy complejo de transformación, cultivo y regeneración vegetal”, explica María Laura Sossi.
El camino hasta obtener una planta viable puede demandar varios meses de seguimiento minucioso y ajustes precisos. Desde la transformación mediada por Agrobacterium tumefaciens hasta el cultivo in vitro, cada etapa es clave:
- Monitoreo diario: Revisión constante de los cultivos in vitro para garantizar el correcto desarrollo y prevenir contaminaciones que puedan invalidar el material.
- Enfoque multidisciplinario: El trabajo cotidiano combina biología molecular, fisiología vegetal, cultivo de tejidos y manejo en esterilidad.
El gran desafío: lograr que la planta regenere
Uno de los mayores retos científicos no termina en el diseño de la herramienta molecular. Una vez editada o transformada la célula, el verdadero desafío es lograr que regenere y vuelva a convertirse en una planta completa.
No todas las especies ni todos los genotipos responden de la misma manera. La experiencia acumulada por el servicio es fundamental para adaptar las condiciones y soluciones a las necesidades particulares de cada proyecto.
Investigación, desarrollo y optimización en cultivos clave
En los últimos años, el equipo ha concentrado sus esfuerzos en hitos estratégicos para el sector agrobiotecnológico:
El valor del Personal de Apoyo en la ciencia
En procesos de esta complejidad, el rol del Personal de Apoyo (CPA) es una pieza central. No se trata solo de ejecutar una técnica estandarizada, sino de sostener capacidades especializadas, resolver contingencias en el laboratorio y transferir la experiencia práctica a los distintos grupos de investigación.
“Es un rol muy dinámico y enriquecedor porque me permite participar en proyectos muy distintos e interactuar con líneas de investigación diversas. Además de aportar una capacidad técnica específica, también aprendo continuamente de las distintas miradas y formas de trabajo que tiene cada grupo”, destaca Sossi.
Una capacidad estratégica y poco frecuente en el país
Contar con este servicio dentro del sistema científico público es un activo altamente estratégico. La transformación genética y la regeneración vegetal requieren de una infraestructura específica y de años de práctica acumulada, convirtiéndola en una capacidad poco frecuente en el país, especialmente para especies de alto impacto como la soja y el tomate.
En un contexto donde la producción agropecuaria y la agrobiotecnología son motores regionales, el Servicio del IBR no solo fortalece la investigación científica de alto nivel, sino que abre canales concretos para la vinculación tecnológica, la innovación y el desarrollo de soluciones aplicadas al sector productivo.
Por Jimena Zoni, Comunicación y Cultura Cientifica IBR






