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Para entender enfermedades humanas complejas, a veces la respuesta se revela en un organismo de apenas un milímetro

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¿Qué puede enseñarnos un gusano de un milímetro sobre cómo nuestro cuerpo procesa el colesterol y las grasas?

En el IBR, el equipo liderado por Cecilia Mansilla utiliza Caenorhabditis elegans para estudiar el metabolismo lipídico, el engranaje celular que administra el colesterol y que resulta vital para mantener sanas nuestras neuronas. Sus investigaciones demuestran cómo estas vías regulan el transporte de colesterol y la conducta alimentaria, aportando nuevos enfoques sobre procesos involucrados en enfermedades neurodegenerativas. Con un reciente reconocimiento internacional para Cecilia Vranych en México y la obtención de nuevo financiamiento del CONICET para avanzar con sus proyectos, el grupo consolida su liderazgo en la exploración de la vida a escala microscópica.

Comprender cómo una falla metabólica impacta en la salud de un ser vivo no siempre exige la complejidad de modelos animales superiores. A veces, la respuesta está en un organismo de apenas un milímetro. En el Instituto, Mansilla y su equipo aprovechan la versatilidad de este gusano para descifrar cómo la vasta red del metabolismo de lípidos dicta el ritmo de la fisiología y el comportamiento.

Observar el metabolismo en vivo

La magia del C. elegans reside en su transparencia: permite observar, en tiempo real y en un animal íntegro, las consecuencias de una sutil modificación genética. Aquí, el metabolismo no es una abstracción química, sino una serie de procesos visibles en tejidos y sistemas nerviosos activos.

Dado que compartimos numerosos genes y mecanismos biológicos con este pequeño organismo, su estudio es una herramienta excepcional para explorar procesos relevantes para la biología humana y plantear preguntas profundas que las células aisladas en una placa de cultivo simplemente no pueden responder. Desde el almacenamiento de grasas hasta la forma en que se agrupan las proteínas, el grupo rastrea cómo una chispa en una vía metabólica específica termina desencadenando cambios en funciones vitales como la alimentación.

Los lípidos: directores de orquesta

Aunque solemos pensar en los lípidos como meras reservas de energía o ladrillos para las membranas, estos compuestos funcionan también como directores de orquesta que coordinan señales críticas para la supervivencia.

Bajo esta premisa, el grupo investiga cómo los endocannabinoides controlan la homeostasis del colesterol, manteniendo ese delicado equilibrio entre lo que el cuerpo incorpora, guarda y utiliza. Pero la curiosidad no se detiene allí. Analizan también cómo el malonil-CoA regula las ganas de comer, y exploran cómo ciertos ácidos grasos protegen —o afectan— al organismo frente a la acumulación de proteínas dañinas. Descubrir estos hilos invisibles es vital: son los mismos que se enredan en enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson y la enfermedad de Niemann-Pick.

Distintas escalas de una misma pregunta

Para desarmar este rompecabezas, el equipo no trabaja de forma aislada. Los estudios comenzaron junto al doctor Diego de Mendoza, quien introdujo el modelo en el instituto tras una estadía de investigación en Alemania. Luego, se combinó la biología del C. elegans con la precisión de la resonancia magnética nuclear, integrando también al grupo de Andrés Binolfi. Esta sinergia les permite viajar por distintas escalas: desde el comportamiento íntimo de las moléculas hasta el impacto final en el organismo vivo.

El impacto de estas investigaciones cruzó fronteras recientemente en el IV Latin American Worm Meeting en Mérida, México. El grupo presentó un estudio clave sobre la danza molecular entre las vías de señalización y los endocannabinoides, demostrando cómo estas redes se comunican para mantener la salud celular. La excelencia del trabajo le valió un premio a Cecilia Vranych por su presentación, un logro que pone en valor la ciencia argentina en el mapa internacional y motiva a las nuevas generaciones de investigadores.

Del nematodo al parásito: un nuevo desafío

La ambición científica del equipo dirigido por Mansilla se expande ahora con un nuevo financiamiento del CONICET: la búsqueda de puntos débiles en protozoos parásitos.

La lipoilación de proteínas es el “talón de Aquiles” de muchos patógenos. Por eso, en un proyecto codirigido con Antonio Uttaro —experto en tripanosomas—, el objetivo es ambicioso: identificar inhibidores que puedan bloquear estas vías vitales para Trypanosoma cruzi, el agente causal de la enfermedad de Chagas. Se trata de una búsqueda que evalúa inhibidores obtenidos tanto de plantas nativas como mediante síntesis orgánica, uniendo la sabiduría de nuestra flora natural con la potencia de la química moderna.

Una línea que se construye colectivamente

Dominar el estudio de C. elegans no sucede de la noche a la mañana. Es un arte que se construye con paciencia, mantenimiento diario y una tradición de saberes compartidos entre mesadas de laboratorio.

Aunque parece un camino distinto, el estudio del nematodo y el de los parásitos convergen en el corazón de la experiencia del grupo: el dominio de las vías metabólicas. Cada descubrimiento es el inicio de una nueva pregunta sobre la comunicación celular y el equilibrio de la vida. Mirando a través de este pequeño organismo, el equipo del IBR demuestra que, para entender los grandes misterios biológicos, a veces solo hace falta una lente precisa y un modelo de un milímetro.

Por Jimena Zoni

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